No estoy de acuerdo con
lo que usted dice…
…, pero
defenderé su derecho a expresar cuanto quiera decir.
Así se podría decir de muchas de las
cosas que se pueden leer por un sinfín de páginas Web, y que se quedan sin esa
contestación para tratar de evitar enfrentamientos. Porque, a tenor de la forma
de expresión, que guardan una inconfundible intención de hacer ver una absoluta
posesión de la verdad, no es muy razonable decir ‘no’ a ese tipo de expresiones.
Que puede
que el fondo y la forma no se ajusten muy mucho a lo que, en una conversación
de conocidos, se podría tener por coloquial forma de mantener una amistad con
distintas tendencias en lo social, político, laboral, cultural. Con todo lo que
significa relación ciudadana. No es posible en esta actualidad que vivimos
pretender uniformar a las personas, ni imponer por el uso y abuso una verdad
que solo guarda relación con el pensamiento propio. No es posible hacer
comprender a algunas personas que, decir que no se está de acuerdo con sus
ideas, no requiere obligatoriamente estar enfrente de esas ideas, sino que hay
formas diferentes de ver ideas, modos y comportamientos a la hora de analizar
una misma situación. Que el empecinamiento en una imposición solo puede servir
para que, quien tiene diferencias, busque en el cisma la solución que se le
prohíbe dentro de un mismo sentimiento. A veces estas situaciones me llevan a
pensar que somos demasiadas las personas que no nos ponemos de acuerdo en el
nivel del contenido de la misma botella.
El comienzo de estas letras no hay
ninguna duda que tienen autor. Atribuidas en ocasiones erróneamente a otras personas.
La frase correcta es “Yo no estoy de acuerdo con lo que usted
dice, pero me pelearía para que usted pueda decirlo” El autor es François Marie Arouet, más
conocido por su seudónimo, Voltaire.
Estos días
de atrás, en el diario El País se pudo preguntar a una persona que, al hacer
críticas del uso que algunos de sus compañeros de partido, se le cuestionó
mucho más por las personas que dicen tener ideas socialistas y que ejercen el
voto a esta formación política, que por los propios compañeros de formación,
que suelen respetar sus opiniones aunque no sean las suyas propias. Esto es
algo que debiéramos comprender si es verdaderamente que deseamos que el
socialismo no siga desmoronando su historia.
Esta persona
me hizo recordar una palabra que usó en uno de los artículos de su blog
personal. En ese artículo expresaba, precisamente, el comportamiento y
sentimiento de algunos dirigentes y afiliados socialistas. Justo lo que era y
sigue pasando en la actualidad. Lo que quiere decir que ni se comprendió, ni se
puso remedio. Y por consiguiente (suena a algo familiar esta frase) el
deterioro sigue produciéndose y la caída de la derecha no sirve un ápice para
remedar ese desentendimiento de dirigentes, afiliados y votantes. Quizá por eso
se pueda comprender esta necesidad de hacer valer ideas antes que
entendimiento.
La palabra a
la que me refiero es ‘hybris’, y que
ni siquiera hace mención la RAE, pero que se puede ver como hacen un uso más
cotidiano los anglosajones. No es de extrañar que se los anglicismos hagan
merma del idioma y que nuestros entendidos de la Real Academia Española nos
hagan un flaco favor.
Bien, a lo
que iba, la palabra ‘hybris’ es
griega, y simplificando un poco, su significado es ‘desmesura’, además de
otras. Aristóteles la situó en el
lugar que le corresponde: “ El placer que se busca en un acto de
‘hybris’ consiste en mostrar a los demás nuestra superioridad”
Joaquín Leguina la usó en su debido
momento. Y yo la leí por primera vez. La entiendo, la comprendo y me parece un
excelente sinónimo aunque muchos de los diccionarios de sinónimos no la recojan
tampoco. No iban a ser más que la RAE.



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