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martes, 18 de junio de 2013


No estoy de acuerdo con lo que usted dice…




…, pero defenderé su derecho a expresar cuanto quiera decir.

      Así se podría decir de muchas de las cosas que se pueden leer por un sinfín de páginas Web, y que se quedan sin esa contestación para tratar de evitar enfrentamientos. Porque, a tenor de la forma de expresión, que guardan una inconfundible intención de hacer ver una absoluta posesión de la verdad, no es muy razonable decir ‘no’ a ese tipo de expresiones.

Que puede que el fondo y la forma no se ajusten muy mucho a lo que, en una conversación de conocidos, se podría tener por coloquial forma de mantener una amistad con distintas tendencias en lo social, político, laboral, cultural. Con todo lo que significa relación ciudadana. No es posible en esta actualidad que vivimos pretender uniformar a las personas, ni imponer por el uso y abuso una verdad que solo guarda relación con el pensamiento propio. No es posible hacer comprender a algunas personas que, decir que no se está de acuerdo con sus ideas, no requiere obligatoriamente estar enfrente de esas ideas, sino que hay formas diferentes de ver ideas, modos y comportamientos a la hora de analizar una misma situación. Que el empecinamiento en una imposición solo puede servir para que, quien tiene diferencias, busque en el cisma la solución que se le prohíbe dentro de un mismo sentimiento. A veces estas situaciones me llevan a pensar que somos demasiadas las personas que no nos ponemos de acuerdo en el nivel del contenido de la misma botella.

      El comienzo de estas letras no hay ninguna duda que tienen autor. Atribuidas en ocasiones erróneamente a otras personas. La frase correcta es “Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pueda decirlo”  El autor es François Marie Arouet, más conocido por su seudónimo, Voltaire.

Estos días de atrás, en el diario El País se pudo preguntar a una persona que, al hacer críticas del uso que algunos de sus compañeros de partido, se le cuestionó mucho más por las personas que dicen tener ideas socialistas y que ejercen el voto a esta formación política, que por los propios compañeros de formación, que suelen respetar sus opiniones aunque no sean las suyas propias. Esto es algo que debiéramos comprender si es verdaderamente que deseamos que el socialismo no siga desmoronando su historia.




Esta persona me hizo recordar una palabra que usó en uno de los artículos de su blog personal. En ese artículo expresaba, precisamente, el comportamiento y sentimiento de algunos dirigentes y afiliados socialistas. Justo lo que era y sigue pasando en la actualidad. Lo que quiere decir que ni se comprendió, ni se puso remedio. Y por consiguiente (suena a algo familiar esta frase) el deterioro sigue produciéndose y la caída de la derecha no sirve un ápice para remedar ese desentendimiento de dirigentes, afiliados y votantes. Quizá por eso se pueda comprender esta necesidad de hacer valer ideas antes que entendimiento.

La palabra a la que me refiero es ‘hybris’, y que ni siquiera hace mención la RAE, pero que se puede ver como hacen un uso más cotidiano los anglosajones. No es de extrañar que se los anglicismos hagan merma del idioma y que nuestros entendidos de la Real Academia Española nos hagan un flaco favor.




Bien, a lo que iba, la palabra ‘hybris’ es griega, y simplificando un poco, su significado es ‘desmesura’, además de otras. Aristóteles la situó en el lugar que le corresponde: “ El placer que se busca en un acto de ‘hybris’ consiste en mostrar a los demás nuestra superioridad”


      Joaquín Leguina la usó en su debido momento. Y yo la leí por primera vez. La entiendo, la comprendo y me parece un excelente sinónimo aunque muchos de los diccionarios de sinónimos no la recojan tampoco. No iban a ser más que la RAE. 

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